El envase y el consumidor, cara a cara

El envase y el consumidor, cara a cara

10 a.m. de la mañana. Y como cualquier persona, se dirige al supermercado con el fin de hacer la compra de provisiones y alimentos para la semana. ¿Tarea sencilla? o ¿ardua decisión?

Coge el carrito y se dispone a entrar en una bucle de decisiones que, a priori, parece no plantear ningún tipo de problema, pero conforme pasa el tiempo dentro de la tienda nos damos cuenta de que cada producto que se echa al carro es una decisión tomada.

 

 

 

Un cliente pasa, por término medio, entre 15 y 20 minutos en una tienda de tamaño medio o en un supermercado. Y ve entre 20.000 y 60.000 artículos. La elección de un producto se realiza en un tiempo medio de 1,6 segundos. Por tanto, ¿quién gana la batalla? ¿la publicidad o el packaging? Evidentemente, ambas formas de dar a conocer el producto son de suma importancia y totalmente complementarias, y aunque la publicidad es percibida de más jerarquía en el grado de la exposición al consumidor, no es la más definitoria. Si tenemos en cuenta que entre el  70 y 80 por ciento de las decisiones se toma dentro de la tienda, y que por cada producto invertimos menos de dos segundos en la toma de la decisión, vemos como un envase atractivo, sin duda, condiciona al consumidor de una manera directa.

Y es que, la principal batalla de un producto con respecto a su competencia, se mantiene en los estantes de las tiendas y supermercados. No es una batalla ruidosa y en esta citación, nadie aboga por el producto. Ni el vendedor ni la tienda. Por todo ello, el producto se encuentra ‘solo ante el peligro’ y su envoltura es la opción de competir con los demás.

El envase del producto ha logrado sus fines cuando el consumidor lo reconoce como un viejo amigo o lo ve como algo que merece la pena probar. Porque, por todos es sabido que el ojo, en muchos casos, se llena antes que el estómago.

Las zonas de impacto visual de un producto que hay que tener en cuenta dentro de un supermercado son tres:
–    La zona de reconocimiento, que comienza a 3,5 metros. Se puede atraer la atención del  cliente utilizando colores fuertes y símbolos cotidianos y conocidos.
–    La zona de compra está a un metro del consumidor. La forma, el diseño, el color y los gráficos tienen un papel fundamental en la elección final del consumidor.
–    La zona de curiosidad es de 0,3 metros. Con el envase en la mano, el cliente se informa sobre algún aspecto que, anteriormente le ha llamado la atención.

 

 

 

Un envase no es solo la envoltura que presenta, sino la información que contiene en forma de etiqueta. Todas las etiquetas deben ser claras para inspirar confianza al consumidor. Si se consigue la concisión tanto en la redacción como en la exposición de esta información, el cliente confiará más en el producto. Siempre y cuando se respete una regla fundamental: no engañar al consumidor.

Fuente: Varias

Volver

¡Este sitio web es único y necesitará de un navegador moderno para funcionar correctamente!

¡Por favor, actualiza!

Compartir