Saber qué comemos

Saber qué comemos

Las etiquetas son a veces jeroglíficas: El 42,3% de los usuarios tiene dificultades para entender la información nutricional que aparecer en los envases de los productos

 

Las etiquetas de los alimentos deben servir de guía al consumidor, pero a veces logran lo contrario: que éste se pierda.

De hecho, el 42,3% reconoce que le resulta complicado interpretar la información nutricional. Mientras, un 25% ni siquiera se atreve a afirmar que todos los productos en el mercado la contengan, y el 37% cree que no siempre es fácil de encontrar. Así se desprende de un reciente estudio del centro de referencia CDO/GDA (Cantidades Diarias Orientativas), que agrupa a 20 fabricantes y distribuidores dispuestos a unificar el etiquetado.

La Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (Ceaccu) va más allá y asegura, en base a una encuesta de 2008, que el 64,1% de los usuarios no entiende la práctica totalidad del etiquetado de los alimentos. Además, acaba de presentar un estudio en el que analiza 56 productos que no salen muy bien parados.

Ausencias recurrentes

Siendo las grasas y los azúcares el aspecto más consultado (seguido de la fibra), las primeras, por lo general, sólo figuran cuando su valor es 0, y las segundas tienden a incluirse en el apartado de hidratos de carbono. Para Rubén Sánchez, de Facua-Consumidores en Acción, «además, sólo se dice si la grasa es animal o vegetal, y, en este segundo caso, sólo aparece si es de oliva o girasol, pero no si es de palma o coco».

Otro problema denunciado por Ceaccu es la escasa visibilidad de la información importante, en beneficio de las promociones y concursos, en un 96% dirigidos a niños. «Otras veces se venden golosinas como productos saludables para ellos, porque les ayudan a crecer, ocultando su alto contenido en grasas y azúcares»,prosigue Sánchez.

El nombre del producto es otro caballo de batalla. Ceaccu critica que abundan las denominaciones de fantasía (comunes en lácteos) o muy optimistas (como salsa casera). Y Facua, que se ofrecen como light productos que no tienen un 30% menos de grasas o azúcares que el original, como se exige: «Cambiar light por cero es común para salir al paso».

Por último, las raciones para medir los nutrientes, de 30 gramos, poco tienen que ver con las pautas de consumo del envase, lo que para Sánchez es especialmente llamativo con los cereales de desayuno.

ARMONÍA EN LA LEGISLACIÓN

El etiquetado alimentario en España se rige desde hace 30 años por normas del sector que las comunidades autónomas deben hacer cumplir. En 2006 la UE sacó adelante un modelo único basado en las cantidades diarias recomendadas (CDO/GDA). Además, desde hace dos años la Unión prepara una nueva normativa, el Reglamento sobre información alimentaria facilitada al consumidor, que se pretende aprobar este mismo año. Entre las novedades, se está discutiendo cuál debe ser el tamaño mínimo de letra de la información obligatoria, con el fin de mejorar la legibilidad. En la actualidad, según el estudio de Ceaccu, un 62% de los productos tiene la letra demasiado pequeña (sobre todo embutidos, aceitunas y bollería).

Fuente: http://www.adn.es/lavida/20100517/NWS-0117-Saber-comemos.html

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